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¿Qué tienen en común un adolescente que puede pasar toda la noche tratando de llegar al siguiente nivel en un videojuego, un adulto que sin darse cuenta ha pasado un día completo dedicado a su hobbie favorito y un niño pequeño, que juega durante horas con un rompecabezas nuevo? Todos estos son ejemplos que pueden ayudarnos mucho a comprender la motivación en el trabajo…y a enamorarnos de lo que hacemos.

Cada vez que analizamos la conducta humana, muchos piensan que esta puede explicarse gracias a los estímulos externos que recibimos por nuestros actos; los elogios, el dinero, unas vacaciones extras, los aplausos del público son ejemplos de motivadores extrínsecos, es decir, premios externos que nos mueven a comportarnos de una forma u otra, con tal de obtenerlos.

Pero si reflexionamos sobre nuestra vida cotidiana, podemos encontrar muchos ejemplos de cosas que hacemos sin esperar obtener recompensa alguna a cambio: por ejemplo, nuestros pasatiempos, a los cuales les dedicamos tiempo y esfuerzo sin tener obligación de hacerlo y sin esperar premios o presiones de ninguna especie.

Los psicólogos han estudiado en varios entornos, especialmente laborales, cuáles son esas características que hacen que una persona se dedique a una actividad por el simple gusto de desempeñarla; si logramos replicar estas cualidades en nuestro trabajo, esa es la manera de enamorarnos de lo que hacemos. Vamos a revisar dos de las más importantes: autodeterminación y sensación de competencia.

- Autodeterminación

Los seres humanos deseamos tener la posibilidad de tomar decisiones sobre qué hacer, cuándo hacerlo y cuándo dejar de hacerlo; queremos que nuestras elecciones determinen nuestras acciones, en lugar de que otra persona o alguna restricción ambiental limite nuestro curso de acción.

- Sensación de competencia

Otro de las importantes cualidades que debe tener una actividad para que sea motivadora en sí misma, es que nos permita experimentar la sensación de competencia. No nos referimos al deseo de competir con otros o de demostrar que somos mejores que los demás. La competencia se refiere al deseo de ser competente, de interactuar de forma efectiva con el entorno; en el fondo, sentir que hago bien las cosas, que avanzo y progreso, que domino lo que hago, que puedo lograr cada vez retos óptimos.

¿Cómo podemos aplicar esto en las organizaciones? Posiblemente, la mayor cantidad de cambios en un programa motivacional basado en la motivación intrínseca estén en el re-diseño del trabajo, donde se le permita a las personas experimentar ambientes que favorezcan su autonomía y un cambio profundo en la actitud de jefes, supervisores y gerentes. Entonces, debemos empezar a pensar en proyectos organizacionales que no descuiden las recompensas externas de todo tipo, pero que primero busquen desarrollar procesos de motivación intrínseca, considerando las necesidades psicológicas de la autodeterminación, y la necesidad de competencia.

En fin, espero que en este artículo haya logrado despertar su interés por comprender mejor la naturaleza humana, que es capaz de comprometerse, apasionarse y dedicarse con altos niveles de calidad a las actividades que satisfacen sus necesidades psicológicas más importantes… la pregunta es: ¿puede usted enamorarse de su trabajo? ¿puede ayudar a otros a que amen lo que hacen?

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